Lisandro Duque: «Fui víctima de la educación religiosa»

Publicado en por vivienblog

Lisandro Duque, director de cine colombiano.

Lisandro Duque, director de cine colombiano.

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Después de ocho años, el colombiano vuelve a dirigir una película, esta vez, contra la Iglesia

En un municipio de Colombia un párroco ha puesto en "peligro" lo más sagrado: "la semana santa", su negativa para enterrar a un joven suicida, por considerarlo "pecador", ha producido el caos de la comunidad que ve en peligro la celebración de los sacramentos... "Es hilarante que un pueblo casi enloquezca porque un cura le dio por no dar misa. La historia nació de un suceso que ocurrió en la realidad en el que me basé para escribir un cuento, ahora es una película que estreno, como no, en semana santa", dice Lisandro Duque Naranjo quien, con El soborno del cielo, regresa a escena después de ocho años de ausencia.   

   

¿Por qué eligió Honda (Tolima, Colombia) para rodar El soborno del cielo?

 

Porque es de las pocas ciudades en Colombia que ha tenido una política de preservación arquitectónica y urbanística muy rigurosa. Allí encontré un barrio que se corresponde con cualquier época de los años ochenta hacia atrás (la película está ambientada en los años setenta). La idea original era hacerla en una ciudad cafetera, en un pueblo como el mío, pero el eje cafetero sufre una depredación urbanística que es legado de la cultura narcotraficante. La película estaba diseñada para hacerse con planos largos y Honda me facilitaba esto por su arquitectura.

 

Eligió ambientar la película en los setenta porque era una época en la que la Iglesia tenía pleno control de instituciones como la educación a través del Concordato. ¿Hay otra razón por la que haya elegido esta década?

 

Elijo los años setenta porque fue una época de pulsión libertaria entre los jóvenes como yo. Incluso para Colombia fue una época de cambio pese a que estaba vigente el Concordato que se firmó con el Vaticano y que duró 120 años. Me gustaba la idea de hacerla en esta época porque fue un momento en el que la sociedad empezó a despabilarse, a asumir una actitud crítica y rebelde frente a los valores religiosos.

 

¿Le marcó la Iglesia, para mal, de manera personal?  

 

Sí. Fui víctima de la educación religiosa. Desde pequeño me asustaron con la certeza del fuego eterno si no cumplía con todos los ritos de la catolicidad.

 

¿No cree que Colombia se ha modernizado en ese aspecto?

 

No ha cambiado. Después de la Constitución de 1991 a Colombia le ha ocurrido una cosa: el clero disminuyó su presión sobre su feligresía, pero ya se había hecho un trabajo de 120 años (tiempo que duró el Concordato) en el que convirtió la religiosidad en una cultura popular. En este momento, la propia población colombiana es más radical, los civiles parecen curas y eso es residuo de la hegemonía de la Iglesia instalada en la cultura. Ahora los sacerdotes son los que se denominan laicos.

"Yo no le tengo fe a nada salvo a aquello que pasa el examen de mi conciencia"

¿Cuál es su relación con la fe?

 

Ninguna. Siento absoluta aversión por todo lo que implica creer en lo que no se nos ha revelado. Detesto todas esas consignas catequísticas que invadieron mi infancia y creo que son un tipo de discurso que se constituye en un gran impedimento para el ejercicio de la razón y de la conciencia. Yo no le tengo fe a nada salvo a aquello que pasa el examen de mi conciencia.

 

No solamente no creo en dios sino que me molesta su invocación y omnipresencia.

 

¿La película es su manera de hacer crítica a la Iglesia?

 

Es una crítica al proceso de formación, incluso al que viví en mi casa. Mi mamá era un agente muy activo de la Iglesia, nos hacía rezar la novena a María Auxiliadora, la que es, también, la virgen de los sicarios. En Colombia se han cometido muchos crímenes, y se siguen cometiendo, con la bendición de la virgen.  

 

¿En qué momento de su vida se dio cuenta de que lo de dios era un cuento?

 

A los 16 años. Pasaron varias cosas en mi vida, una de ellas fue que empecé a leer libros que, por entonces, estaban en el índice de prohibidos en el colegio y en las bibliotecas públicas. Había autores como Kafka, Aleksandr Oparin, el autor del Origen de la vida; Voltaire, etcétera. Estaban todos los grandes radicales de la Revolución francesa que me dieron más razones que fe.

 

Es la primera vez que graba en formato digital ¿le gusta?

 

Me gustó, rinde más el rodaje porque minimiza el trabajo. Ya no hay que mandar el material fuera del país para el revelado y esperarlo para hacer cambios, ahora uno va viendo el resultado a medida que hace la película.   

 

¿Por qué recurre de nuevo a la comedia negra?

 

Esta historia empezó siendo un cuento que escribí basado en un hecho de mi vida. Haciendo una descripción "objetiva" de la realidad, de lo que recordaba, me daba mucha risa de lo ridícula que era esa época, lo que quiere decir que algo habrá cambiado en nuestra sociedad. Al escribir el cuento y al adaptarlo en guión, e incluso mientras filmaba, los propios actores y yo sentíamos que estábamos en una historia hilarante. La historia es verosímil, pero es tan absurda que termina siendo una comedia.

 

Su anterior película, Los actores del conflicto, aunque tiene un tinte de comedia toca el tema de la violencia en Colombia. Esta película viene con otro tono ¿puede ser una película del postconflicto?

 

Yo pienso que va a servir como instrumento para el postconflicto, para involucrar a la Iglesia en el proceso. En algún momento, la Iglesia va a tener que pedir disculpas por el proceso autoritario que tuvo en este país y que sirvió como excusa para alimentar la violencia. También pienso que es una película del preconflicto porque hacia los años cincuenta la insurgencia armada no tenían la suficiente presencia en los territorios que tiene hoy, pero la Iglesia sí. Recordemos que el discurso de la Iglesia consistía en instar a su feligresía a la violencia. Los curas decían que matar liberales no era pecado; recuerdo que hubo un obispo en Antioquia que pedía "empedrar las calles de los pueblos con cabezas de liberales porque ellos representaban el peligro".

 

¿Qué opina del actual Papa?

 

El Vaticano es un Estado que está atento a los hechos políticos. Así como Juan Pablo II fue nombrado en su momento para que pusiera en marcha el proceso de destrucción del socialismo, ahora eligieron a un Papa argentino, latinoamericano, porque saben que Latinoamérica es un bastión de nuevas formas, muy distintas las unas de las otras, de procesos de nuevo socialismo.

 

Usted ha hecho películas antes y después de la entrada en vigor de la Ley de Cine de Colombia de 2003 ¿Es realmente tan buena como parece?

 

Mis últimas dos películas las hice con esta Ley de Cine y me parece que es fundamental, ya la necesitábamos los cineastas. Es muy positiva porque ha permitido el impulso a nuevos talentos, mas con el desarrollo de las nuevas tecnologías que permite que se explore el vídeo hasta con un teléfono. La química entre la Ley de Cine y la tecnología está generando muchos productos cinematográficos muy interesantes.

"El proceso de paz ha cambiado la proyección internacional de Colombia y, sin duda, es un espaldarazo político para el cine"

¿Por qué tardó tanto en sacar una nueva película?

 

Yo no sé por qué la gente piensa que ocho años son demasiados, para hacer una película es poco tiempo. Tengo un ritmo de trabajo que exige pausas y, además, creo que es porque yo no soy un cineasta profesional, yo soy una persona que le interesa hacer películas en un determinado momento. Esta película la empecé en 2013 así que, realmente, tiene sólo cinco años de diferencia con mi anterior película.

 

¿Qué tipo de cine encuentra interesante?

 

Me interesa el cine hecho en países del denominado "tercer mundo" y de Europa del este. Me gusta mucho el cine albanés, el que hacen los inmigrantes turcos en Alemania, me gusta el cine rumano que se hace en la Europa Occidental, en estos cineastas encuentro aportes y novedades de orden narrativo que me seducen. 

 

*Foto: Lisandro Duque Naranjo / Cortesía. 

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