Carlos Bousoño: "No hay regla ninguna, sólo existe el genio artístico"
Harold Alvarado Tenorio.
@RBALibros
Recordamos al poeta español quien desarrolló su propia teoría sobre la lírica
A comienzos del otoño de 1980 pasé varias semanas en Madrid recabando información sobre la Generación del Cincuenta. Debió ser Alonso Zamora quien me indicó que uno de los críticos que mejor conocía del asunto era Carlos Bousoño, de quien yo había recorrido, a saltos, uno de sus libros sobre la metáfora, un extenso volumen en dos tomos que había recibido, por cierto, reacciones adversas de varios de los integrantes del grupo que yo pretendía estudiar.
Carlos Bousoño Prieto (Boal, 1923-2015) hizo estudios de Filosofía y Letras en la Universidad Complutense donde se doctoró con una tesis sobre Vicente Aleixandre (poeta español de la llamada Generación del 27).
Cuando hice la entrevista, Bousoño tenía 57 años y ya llevaba cuatro casado con una abogada puertorriqueña que le ayudó a vender el legado de Aleixandre por cinco millones de euros.
Quizás su libro de poemas más conocido sea Oda a la ceniza (1967). Bousoño recibió numerosos premios, entre ellos el Johannes Fastenrath de la Real Academia Española, de la Crítica en dos ocasiones, Nacional de Ensayo, de Poesía, de las Letras Españolas y Príncipe de Asturias.
Cuando murió, su esposa, que tenía razones, declaró: “Nunca le agradeceré lo suficiente haberme elegido como esposa y haberme introducido, tan jovencita, en el mundo fascinante de la cultura“. Y aun cuando reconoció que no era sencillo vivir con Bousoño, “nunca se sintió inferior a nadie porque tuve mi propia personalidad y tuve siempre los pies en el suelo”.
Uno de los últimos poemas de Bousoño dice:
Mucho te quise y con dolor te miro
cuando aquí pasas con tu sueño a cuestas.
Mas para siempre, desde lejos, hondos
mis ojos te recuerdan.
Aquí en la tarde te contemplo
pasar hostil y sin clemencia.
Vas dura con tu sueño amargo y triste.
Ingrato sueño que el amor te veda.
Harold Alvarado Tenorio: ¿Cómo situaría su libro Teoría de la Expresión Poética?
Carlos Bousoño: El pensamiento suele seguir el movimiento de la dialéctica hegeliana: tesis, antítesis, síntesis. Así, en éste caso. La tesis encierra en el largo período en que tuvo vigencia la preceptiva. Su punto culminante, el siglo XVIII. La tesis sería: hay reglas abstractas que el artista debe seguir, las reglas de la tragedia, las reglas del poema lírico, las reglas de la ética, etcétera. La antítesis fue representada por el romanticismo: no hay regla ninguna, sólo existe el genio artístico, la inspiración. La síntesis sería la actitud del período que media entre Baudelaire y la poesía pura: hay normas, pero no abstractas sino concretas. Cada poema lleva las suyas, pero por dentro. Son impetraciones secretas de la sensibilidad del artista en cuanto se pone a escribir. No es la suya una normativa escrita no consignable en fórmulas fijas, pues no se trata de las reglas de la poesía sino de las reglas de éste poema que estoy escribiendo…
"Hay normas, pero no abstractas sino concretas. Cada poema lleva las suyas"
Usted ha hablado de leyes sin historia para la poesía…
Pese a las apariencias, hablar de las leyes ahistóricas de la poesía no significa creer en la ahistoricidad del arte. El arte es, en efecto, histórico, porque sus ahistóricas leyes quedan historizadas al cumplirse un determinado modo precisamente histórico, en cada momento literario. De un modo semejante, explica Ortega, de la posibilidad de hacer afirmaciones generales sobre el hombre, pese a la historicidad de éste. En efecto, esas afirmaciones generales pueden hacerse porque se trata, dice, de lo que los matemáticos denominan "lugares vacío" que hay que rellenar de un contenido concreto y nada general. Así ocurrió, sin duda, con las leyes de la poesía de que yo hablo.
También de una misión de nuestra época…
Cada siglo tiene una misión que cumplir. La misión del siglo XVII fue dar rigor matemático a la física. Sólo cuando las ciencias adquieren precisión pueden avanzar de modo franco y decidido. El espectacular progreso de la física a través de Galileo se debe a la precisión que, en sus manos y en las de otros coetáneos y descendientes suyos, adquirió de pronto esa disciplina. Pues bien, la misión del siglo XX, y sobre todo de su segunda mitad, es hacer otro tanto con las humanidades. La estilística, primero; después, el estructuralismo, la filosofía analítica actual, el auge la lógica matemática, van sin duda, por esos derroteros.
"Yo establecí, como primera ley de la poesía, la modificación del lenguaje usual"
¿Hay algún paralelismo entre sus investigaciones y las del estructuralismo europeo?
Las raíces de mi investigación, como las del estructuralismo, son, en efecto, comunes: Saussure, la psicología de la forma etc. Mi libro sobre poética, en su primera edición (1952) es anterior, por tanto, no al estructuralismo propiamente dicho, pero sí a su gran desarrollo y vigencia. Mis hipótesis eran, en todo caso, estructurales, pues yo establecí en ésa fecha, como primera ley de la poesía, la modificación del lenguaje usual. La poesía forma estructura y se hace relativa a la norma lingüística o hablada. Ha habido coincidencias aunque, en este caso, debo reivindicar la primacía cronológica, pues mi ley primera se popularizó en Europa sólo a partir de 1964 con el nombre de "Modificación del Uso", "descodificación", etc. Como es fácilmente comprobable, mi libro estipulaba esa ley doce años antes y no como una ocurrencia al paso, sino como una rigurosa teoría. Sklovskij no fue traducido a una lengua asequible hasta la fecha que acabo de mencionar. De todas formas, mi ley de asentamiento (Segunda ley del arte) sin la que primera carece, en último término de sentido, hace ver la importancia de la historia y sitúa la obra de arte en un punto distinto al del estructuralismo propiamente dicho.
"Recuerde la sentencia de Wilde: no existen libros morales o inmorales sino bien o mal escritos"
Usted ha discutido la idea de compromiso literario…
Sí, la idea de “compromiso”, tal como Sartre la entendió. Él concluye, como conclusión de las sus premisas, que nadie podría escribir hoy una novela que fuese buena y al mismo tiempo antisemita. Sorprende que un pensador de su talla recaiga, en forma que habríamos de llamar adánica, en lo supuesto de la preceptiva tradicional: una relación entre el arte y la moral. Precisamente ésta fue la “tesis” frente a la que el esteticismo del siglo XIX estableció la correspondiente “antítesis”: no hay relación ninguna entre arte y ética. Recuerde la sentencia de Wilde: no existen libros morales o inmorales sino bien o mal escritos.
*Fotografía de José Aymá.
