"Ser payaso es una cosa muy seria"

Publicado en por vivienblog

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Diez años después aún recuerda la crudeza de ese momento. Abría una carta que sentenciaba que su destino se cruzaba con sus buenas intenciones. El mensaje de su hermana avisándole de la muerte de su madre, una noticia de la que ya sospechaba su llegada, pero que igual le impactó.

 

 

Sin embargo, siguió maquillándose, untándose la pasta blanca que sirve como fondo neutro de la identidad del humano detrás del personaje. Después de sentir que se le aguaban los ojos, y antes de permitir que se corriera el maquillaje, decidió ponerse la nariz redonda y roja que tanto identifica a un payaso. No se detuvo a llorar. No quiso hacerlo.

 

 

“¡Va por ti mamá! Me dije, y juré que iba a despojarme por un momento del egoísmo propio”.

 

 

Así, salió al escenario en donde pululaban nerviosos los niños cuyas sonrisas nacían en medio de la sequedad del clima y las inclemencias de la hambruna padecida entre Angola y Namibia.

 

 

“Sabía que estaba allí, no para aliviar su hambre sino para que se sintieran un poco más dignos”. Pudo más la emoción de ver unos niños que se maravillaban con la presencia “de esos payasos blancos” que el dolor de perder a una madre.

 

 

Era la primera vez que Pepo Rueda viajaba a África, a ese lugar inclemente que con algo de descortesía le habían descrito como “el tercer mundo”.

 

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Pepo Rueda en su viaje a El Salvador

 

La pobreza, la precariedad, el hambre y la soledad no se pueden esconder, son parte de, pero Pepo aprendió que con estas conviven la bondad y la voluntad pero, sobre todo, la dignidad del ser humano.

 

 

Era la primera vez que se daba cuenta de lo que significaba su labor en Payasos Sin Fronteras, una fundación sin ánimo de lucro que viaja por los países más pobres, o inmersos en conflictos armados, que no permiten el desarrollo de la utópica felicidad.

 

 

“Cuando me contaron de Payasos Sin Fronteras no dudé un instante en unirme al proyecto”, cuenta este actor de 52 años, de los cuales ha dedicado 18 a su vida como clown.

 

 

Con olor a un licor dulce que sale de su boca y sonrojado por los tragos que se ha tomado después de la celebración del 29 cumpleaños de su hija, Pepo cuenta con alegría la satisfacción que le ofrece un proyecto que fue osado desde su inicio.

 

 

En 1993, en Barcelona, el payaso Tortell Poltrona fue contactado por Educadores Sin Fronteras y le propusieron viajar a los Balcanes en plena guerra. Se presentó. Al terminar su función un niño se le acercó para contarle que tenía un amigo de risa escasa… Un niño croata que vivía en un campo de refugiados al que le gustaría regalarle de cumpleaños un payaso.

 

 

Se trataba de uno de los niños que hacía parte del programa de intercambio epistolar, en el que los niños compartían experiencias, en medio del arrasador conflicto de los Balcanes.

 

 

“Poltrona quedó perplejo. Un intercambio de cartas no le parecía suficiente. Decidió reunir a un grupo de payasos españoles e irse en su furgoneta hasta los Balcanes para allí hacer un espectáculo imborrable para la mente de esos niños”, cuenta Pepo Rueda.

 

 

Así nació Payasos Sin Fronteras. Un proyecto que ha pasado duros momentos con la coyuntura actual económica, pero que gracias a los socios y a algunas empresas privadas se mantiene firme en la necesidad de aliviar el dolor en medio de un conflicto.

 

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“La risa es lo de menos”

 

Cuando se piensa en payasos puede pensarse en una risa burlona o incluso en una mirada desquiciada sacada de una película de terror, en la que la risa es lo de menos. También es el caso de estos Payasos Sin Fronteras, no porque aludan al terror sino porque saben que la guerra, el hambre y la desesperanza pueden ser tan poderosas que la risa es lo de menos.

 

 

El postconflicto entre guerrillas en Nicaragua, la violencia juvenil causada por el narcotráfico en Colombia, la hambruna en Namibia, la matanza en los Balcanes, el infierno entre Israel y Palestina y la devastación de Haití son solo algunos de los escenarios en los que Payasos Sin Fronteras hace su labor.

 

 

“Resulta imposible que jóvenes y niños… en definitiva seres humanos, que han pasado por situaciones tan difíciles suelten sus risas. Y lo sabemos. Somos payasos que tenemos como misión paliar un dolor, no reemplazarlo por felicidad”, asegura Rueda.

 

 

 

- Ese mitigar el dolor es en el fondo una labor muy seria para un payaso ¿No cree usted?

 

 

Sí, pero es que ser payaso es una cosa muy seria. Provocar la risa tonta es muy fácil, hacer soñar, hacer olvidar a las personas que pasan por sus duelos es una labor muy comprometedora.

 

 

 

-Y si se lo toma tan seriamente, ¿No se siente impotente cuando en vez de comida y medicamentos solo les puede llevar sueños a estos niños?

 

 

Sí, la impotencia es constante. Pero la satisfacción de ver a un niño que vuelve a creer en sí mismo es gratificante. Entender al ser humano como un ser limitado, con dificultades, con tristezas, pero con dignidad de hacerles frente, es toda una lección.

 

 

El ejemplo es muy claro: después de una función un niño se le acercó tímidamente a Tortell Poltrona con el puño cerrado, abrió la mano lentamente y le dijo que tenía en su mano un regalo que este payaso le había hecho algunos años atrás… Se trataba de un confeti que había lanzado en la despedida de su última función en el campo de refugiados en los Balcanes.

 

 

Indeleble, así quedó en la memoria de este niño la visita de aquellos payasos raros, pero imborrable también resultó la lección de que soñar es posible, “así sea a trocitos”, como cuenta Pepo Rueda.

 

 

Cuando la tierra tiembla, los payasos sonríen

 

 

- ¿Hay algún lugar que le haya marcado especialmente en estos 10 años en Payasos Sin Fronteras?

 

 

 

“Sí. Haití. Es un país devastado. Allí la ilusión nunca ha sido cosa cotidiana... ni siquiera posible. Conocí Haití antes del terremoto de 2010 y volví después. ¿Qué si la realidad cambió? Pues sí… el país quedó aun más deshecho que antes”, asegura Rueda.

 

 

Y sin embargo, es Haití donde Pepo sueña con llevar de nuevo sus risas. Porque sí, porque le parece un lugar marcado por un destino inmerecido, con gente que podría tener otro rumbo.

 

 

“Volvería a Haití me quedaría allí porque es donde veo más útil mi labor de payaso”, insiste Rueda.

 

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Héroes de Carne y hueso

 

 

Inspirado en la labor de Payasos Sin Fronteras, el fotógrafo canario Alexis W. presenta la décima edición de su proyecto ‘La ventana indiscreta’, en el que propone un ejercicio de especulación estética con la arquitectura urbana, utilizando la calle como escenario expositivo.

 

 

Así, el transeúnte que vaya por Chueca, a la altura de la calle Pelayo 30, se encontrará con las imágenes de estos payasos, “con el maquillaje un tanto corrido”, explica el fotógrafo,  “porque la intención es reivindicar a aquellos seres detrás del maquillaje, esa especie de héroes que son, porque no debe ser nada fácil ir por los recodos miserables de la humanidad ofreciendo risas”.

 

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      'La Ventana Indiscreta' / Alexis W.

 

Ese punto dramático que tienen las fotografías, son la complementación de una serie de trabajos que Alexis W. ha realizado a manera de reivindicación social.

 

 

“En la versión anterior el tema era los perros, pero no en alusión al mundo canino, sino a todo lo que un animal puede hablar sobre sus dueños… los humanos.  “Había perros desde el que vive encerrado en una jaula por no habitar la calle hasta el que se prepara para algún concurso mariquita, una representación de lo que es el ser humano reflejado en un animal”, comenta el artista.

 

 

Esta décima edición de ‘La Ventana Indiscreta’ no solo homenajea a los payasos-héroes sino a las personas que dan su tiempo a los demás.

 

 

Cumple así el artista con su objetivo de sacar la obra de contextos elitistas, y encontrarse con ese espectador casual, el de la calle, el que nunca va a ir a un museo, para que tenga contacto directo con la obra.

 

 

Otro de los proyectos de este fotógrafo tiene lugar, actualmente, en Bogotá (Colombia) en donde presenta su trabajo ‘Convivencia’, una instalación madurada de una serie de fotos suyas de prostitutas madrileñas que usan máscaras hechas por ellas mismas. Se trata de reivindicar la prostitución dentro de un contexto que “las acepta hipócritamente”, asegura el fotógrafo español.

 

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      'La Ventana Indiscreta' / Alexis W.

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