Un vistazo al arte del cerebro

Publicado en por vivienblog

Un vistazo al arte del cerebro
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Un libro nos adentra en el estudio del órgano humano más complejo

Santiago Ramón y Cajal (1852-1934) aseguraba que “todo hombre puede ser escultor de su propio cerebro”. Él mismo lo fue. El científico español, padre de la neurociencia moderna, fue uno de los primeros investigadores que, apunta de observación, dibujó réplicas exactas de los tejidos cerebrales que observaba a través del microscopio. 

 

La Ciencia, no sólo iberoamericana sino mundial, le debe a Cajal el desarrollo en el estudio del órgano más complejo del ser humano: el cerebro. Sus avances en el tema fueron reconocidos con el Premio Nobel de Medicina en 1906, cuando la tecnología era escasa, pero la curiosidad imperante.

 

Cajal perteneció a la “época dorada” de la neurociencia. Fue en 1888, definido por el propio Ramón y Cajal como su "año cumbre", cuando descubrió los mecanismos que gobiernan la morfología y los procesos conectivos de las células nerviosas.

 

Su teoría fue aceptada en 1889 en el Congreso de la Sociedad Anatómica Alemana, celebrado en Berlín. En ésta presentaba el esquema estructural del sistema nervioso como un aglomerado de unidades independientes. 

 

Utilizando el método avanzado por otro médico, el italiano Camillo Emilio Golgi, con quien Cajal compartió el Premio Nobel de Medicina, identificó una clase de célula nerviosa (neurona) dotada de unas extensiones (dendritas) mediante las cuales se conectan otras células nerviosas a través de un proceso denominado sinapsis (comunicación entre neuronas). 

 

El método de Golgi consistía en la utilización de tintura de cromato de plata para identificar las conexiones del sistema nervioso. Este descubrimiento permitió formular la hipótesis de que las células nerviosas son las unidades estructurales básicas del sistema nervioso, hipótesis que Santiago Ramón y Cajal demostró a través de la teoría neuronal. 

 

Por la época en la que Cajal realizaba sus investigaciones el dibujo resultaba una herramienta fundamental. El escaso desarrollo de la fotografía hacía que los investigadores tuvieran la necesidad de hacer réplicas exactas de las observaciones que hacían al microscopio, con lo cual, además, de una rigurosidad en la observación tendrían que tener dotes de artista. 

 

Sin la intención de crear obras de arte, Cajal y sus contemporáneos plasmaron la belleza de la corteza cerebral que, por su forma y sus infinitas conexiones celulares, recuerdan a un tupido bosque que se conecta entre sí como lo hacen los árboles con sus ramas. 

 

De ahí surgió la idea del libro El jardín de la neurología (2014), editado por el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC). La coordinación estuvo a cargo del Dr. Javier de Felipe, uno de los investigadores más importantes en este campo, tanto en España como en el mundo. El libro reúnen más 31 dibujos publicados entre 1865 y 1914 que nos enseñan las bellezas artísticas producto de la neurociencia. 

 

“La idea es mostrar al público general la belleza que tienen las células del cerebro. Cuando uno las tiñe para visualizarlas adquieren variedad de formas y de colores, por eso, cuando los artistas contemporáneos las ven piensan que se trata de obras abstracta, pero, en realidad, es Ciencia”, asegura el Dr. Javier de Felipe.  

 

Somos nuestro cerebro 

Las imágenes tienen el suficiente impacto visual que servirá para que el lector y espectador se impresione ante el "arte" y el rigor científico, pero pese a la belleza que, en términos visuales desvela la Ciencia, el Dr. Javier de Felipe lamenta el poco arraigo popular del conocimiento científico: “Se debe a la poca reflexión que tenemos sobre la relación entre nuestro cerebro y nuestra humanidad. Estudiar el cerebro sirve para conocerme a mí mismo, porque cada persona es su cerebro, y también sirve para tratar de ayudar a la sociedad en la investigación de alteraciones que dan lugar a enfermedades como el Alzheimer, la epilepsia, la esquizofrenia, entre otras", asegura el investigador español.

"Sin la intención de crear obras de arte, Santiago Ramón y Cajal y sus contemporáneos plasmaron la belleza de la corteza cerebral"

No es ciencia ficción, es el cerebro 

Uno de los descubrimientos más sorprendentes de la neurociencia es identificar que nuestro cerebro nos diferencia como personas y entre personas. El mismo órgano, la misma estructura se desarrolla, en mayor o menor medida, en función de la actividad que le demos. 

 

La especie humana apareció hace 200 mil años en África. Si hacemos un viaje en el tiempo y observamos el cerebro de un primate de entonces y lo comparamos con uno de hoy las diferencias son nulas. Sin embargo, en pocas décadas la especie humana ha tenido la capacidad (elasticidad cerebral) de desarrollar su pensamiento e inteligencia.  

 

¿Cómo hemos sido capaces de alcanzar estos logros? Para responder a esta pregunta, el Dr. Javier de Felipe, nos enseña un fragmento de la corteza cerebral humana, descriptible a través de una analogía: "son como pequeños árboles cuyas ramas hacen las veces de dendritas neuronales que se relacionan entre sí. Estas denditras están relacionadas con los procesos de cognición, aprendizaje y memoria. Aunque parezca ciencia ficción es en estas estructuras donde se graba nuestra experiencia personal. Cada cerebro tiene su historia, como cada persona. Por esto, el estudio de las espinas dendríticas es uno de los más interesantes y más importantes de la neurociencia”.

 

Santiago Ramón y Cajal decía que "todo hombre puede ser, si se lo propone, escultor de su propio cerebro", así, enfatizaba la importancia que tiene la estructura del cerebro con la experiencia de cada individuo. Sugería, entonces, que cada uno de nosotros es capaz de dibujar (ser artista) su cerebro, pero no en términos literales. Podemos dibujar nuestro órgano a través del estudio ya que el cerebro es un órgano flexible que permite la adaptación a través del aprendizaje.  

 

De hecho, ahora sabemos que la educación básica: aprender a leer y a escribir -y en adelante- da lugar a cambios permanentes en el cerebro: nos hace crecer como individuos. 

 

Javier de Felipe es contundente al afirmar que: “uno los objetivos en neurociencia es ayudar a las próximas generaciones tratando de que este mensaje llegue a los padres y convenciendo a los políticos sobre la necesidad de entender a la educación como un bien humano que debe ser fomentado, sin disculpas".  

 

Y como anécdota personal añade: “Ahora, muchos años después, pienso que si mi padre me hubiera dicho que estudiar es bueno para el cerebro hubiera puesto mucho más interés en el instituto”. 

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