Pablo Neruda, enterrado por cuarta vez
Los restos del premio Nobel fueron exhumados por dudas en la causa de su muerte
Los restos de Pablo Neruda han sido enterrados por cuarta vez en su casa de Isla Negra, una localidad costera de Chile, donde reposarán junto a los de su esposa, Matilde Urrutia.
El cadáver del poeta había sido exhumado por orden del juez Mario Carroza tras conocer el testimonio de Manuel Araya, chófer de Neruda quien, 40 años después de la muerte del escritor, dijo que tenía datos reveladores: “Después del 11 de septiembre de 1973 -fecha del golpe de Pinochet- , el poeta iba a exiliarse a México junto a su esposa Matilde. El plan era derrocar al tirano desde el extranjero en menos de tres meses. Le iba a pedir ayuda al mundo para echar a Pinochet. Pero antes de que tomara el avión, aprovechando que estaba ingresado en una clínica, le pusieron una inyección letal en el estómago”.
Sus palabras dieron un giro a la historia. Araya pidió en 2013 la exhumación para comprobar la veracidad del informe médico que concluía que el poeta murió por el cáncer de próstata que padecía, sin embargo, la investigación no halló evidencia alguna de envenenamiento.
De esta manera se cerró otro capítulo difuso en la historia de la muerte de Pablo Neruda.
Los restos del poeta, que hasta este momento permanecían en la Unidad Especial de Identificación Forense en Santiago, fueron trasladados hasta el Salón de Honor de la sede del Congreso en la capital chilena, donde fueron recibidos por la familia y autoridades. “El pueblo de Chile pudo venir a despedir los restos del poeta”, dijo a la prensa chilena el sobrino de Neruda y uno de los organizadores del evento, Rodolfo Reyes.
El Nobel chileno también fue despedido por miembros del Partido Comunista, colectivo en el que el poeta participó activamente y al que representó en varios cargos diplomáticos y políticos.
Hasta el momento, se mantiene la versión oficial de que Neruda murió a causa del cáncer. Los dos primeros entierros de Neruda fueron en el Cementerio General en tumbas distintas entre 1973 y 1974 y el otro se realizó en 1992, en su casa de Isla Negra, en donde sus restos permanecieron hasta su exhumación en 2013.
"Turbia fue su muerte, turbio el país que vio al final de sus días, claro tendría que ser el final de un hombre como Neruda"
El misterio de la muerte de Neruda
Sería ingenuo pensar que las preguntas han quedado contestadas. El cuarto entierro y la confirmación de una muerte por cáncer, pese a los testimonios que aseguran una conspiración, dejan vivas las heridas respecto al caso Neruda.
Turbia fue su muerte, turbio el país que vio al final de sus días, claro tendría que ser el final de un hombre como Neruda.
Pero bueno será recordar que ciertas enemistades dan la medida exacta de nuestra altura moral. Tal vez por eso, Neruda tuvo varios enemigos. Si en 1973 el más acérrimo fue Pinochet, en 1936 lo fue Francisco Franco.
Los adversarios de Neruda no surgieron de meras rivalidades; su compromiso como escritor y político tuvo un matiz predominantemente izquierdista.
Combativo en prosa y en acción, quedó tan impresionado con el fusilamiento de su amigo Federico García Lorca que se prometió pedir castigo para aquellos que lo merecen.
Se solidarizó con el bando republicano de la España de los treinta. Neruda era cónsul de Chile en España en el 1936, la Guerra Civil estalló y con ésta su casa en Madrid.
Se refugió en Francia. Desde allí se dedicó a ayudar a aquellos marcados por la derrota. "Que la crítica borre toda mi poesía, si le parece. Pero este poema, que hoy recuerdo, no podrá borrarlo nadie", escribió entonces Pablo Neruda.
El poema tenía nombre de barco, Winnipeg, el que él mismo envió a Chile en septiembre de 1939 con 2.500 republicanos rescatados de campos de concentración franceses. Un barco que estaba pensado para 78 personas. Hace más de 70 años de aquella proeza que describe la humanidad del poeta.
La fuerte presión que recibió desde Chile por exiliar a los “rojos españoles” no lo amedrentó, por el contrario, parecía una fuente de inspiración.
“Nunca me tocó presenciar abrazos, sollozos, besos, apretones, carcajadas de dramatismo tan delirantes", confesaría Neruda.
Pero una vez más le tocó presenciar el dolor, sería en su propio país. En aquel 1973 en que no logró resistir las heridas de la humillación de haber perdido. Hoy esas heridas, exhumadas y de vuelta enterradas, quedan cerradas aunque no cicatrizadas.
